El servicio de este transportista es altamente inconsistente y en gran medida problemático. La flota está compuesta principalmente por vehículos antiguos y mal mantenidos (a menudo microbuses y furgonetas de los años 90) que son fundamentalmente inadecuados para viajes de larga distancia. Los pasajeros informan de óxido, equipos rotos, aire acondicionado que no funciona a pesar del calor extremo (hasta 50°C), calefacción defectuosa en invierno, asientos estrechos y abarrotados, así como diversas fallas mecánicas durante el trayecto. El rendimiento del personal es polarizado: algunos conductores son atentos y corteses, mientras que muchos son groseros, agresivos o peligrosamente distraídos (incluyendo informes de quedarse dormidos al volante). La confiabilidad operativa se ve gravemente comprometida por cancelaciones frecuentes de último momento con reembolsos insuficientes, trasbordos no anunciados durante la ruta, venta excesiva de boletos y comodidades publicitadas falsamente (WiFi, tomas de corriente, TV). El servicio al cliente es en gran medida no reactivo. Cuando los viajes se completan, la experiencia depende en gran medida del conductor asignado más que de la calidad sistémica. El precio se anuncia como accesible, pero los pasajeros informan consistentemente que las condiciones no justifican ni siquiera ese costo.
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