Los pasajeros reportan experiencias extremadamente negativas con esta aerolínea. La queja más persistente son los graves retrasos —normalmente entre 1 y 4 horas o más respecto al horario previsto—, a menudo con conductores y despachadores inalcanzables. Otro problema importante es el engaño en las rutas: los pasajeros compran billetes de 'servicio directo', pero se ven obligados a hacer múltiples transbordos en minibuses o furgonetas estrechas y antiguas, en lugar de autobuses adecuados. La condición de los vehículos es consistentemente mala: asientos rotos, espacio insuficiente para las piernas, calefacción inadecuada en invierno (lo que provoca enfermedades en los pasajeros), falta de compartimentos para el equipaje que obliga a colocar las maletas en los pasillos y olores persistentes. La profesionalidad del personal es muy problemática: los conductores son descritos como groseros, incompetentes en cuanto a las rutas, que hacen cambios unilaterales en los horarios e incluso ocasionalmente agresivos. El servicio al cliente es casi inexistente: los teléfonos no son atendidos, los puntos de recogida cambian sin aviso y se niegan los reembolsos a pesar de los fallos en el servicio. Un pequeño número de reseñas positivas (13% de la muestra) menciona llegadas puntuales ocasionales y un trato cortés, lo que sugiere operaciones altamente inconsistentes. La relación calidad-precio es criticada universalmente; incluso las tarifas bajas se consideran de poco valor dado la falta de fiabilidad y la incomodidad.
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