Los pasajeros informan consistentemente una experiencia profundamente negativa en todas las dimensiones del servicio. Los vehículos son descritos universalmente como viejos, mal mantenidos e inadecuados para viajes de larga distancia, con aire acondicionado o ventilación insuficiente; algunos pasajeros tuvieron que hacer paradas para ir al baño en bosques y depender de ventanas abiertas para la circulación de aire. La conducta del personal representa una queja mayor: los conductores muestran un comportamiento grosero y desdeñoso, se niegan a honrar los descuentos para niños anunciados y brindan una asistencia mínima durante los viajes difíciles. Un problema operativo crítico implica la no divulgación sistemática de las conexiones: los pasajeros que compran boletos para servicios supuestamente directos o "sin transbordo" descubren estos requisitos solo al llegar a la estación o al abordar, a menudo en ubicaciones no especificadas con esperas prolongadas de 2 a 3 horas. La confiabilidad de los viajes se ve gravemente comprometida, con llegadas reales que superan significativamente los horarios declarados por varias horas. La comodidad a bordo es mínima: no hay Wi-Fi, tomas de corriente limitadas y aire acondicionado que funciona mal, mientras que los baños en las paradas de descanso son de mala calidad. Los precios son consistentemente criticados como excesivos en relación con la baja calidad del servicio proporcionado. La combinación de operaciones poco confiables, mala comunicación, hostilidad del personal y el estado de los vehículos crea una experiencia abrumadoramente negativa que los pasajeros desaconsejan enfáticamente.
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