Los pasajeros informan de experiencias consistentemente graves y negativas en todos los aspectos del servicio. El problema más crítico es la falta de fiabilidad operativa: las rutas se cancelan rutinariamente sin notificar a los pasajeros, los autobuses no aparecen a las horas de salida programadas y algunos servicios nunca se materializan. Los retrasos graves, que oscilan entre 1,5 y más de 5 horas respecto al horario, son habituales y a menudo empeoran durante el trayecto. Los autobuses suelen omitir las paradas designadas indicadas en los billetes, obligando a los pasajeros a bajarse en ubicaciones alternativas sin explicación ni aviso, a veces dejándolos a kilómetros de su destino previsto. El servicio de atención al cliente es prácticamente inexistente: los despachadores no responden a las llamadas y los conductores son descritos repetidamente como indiferentes, hostiles o ebrios. Los vehículos muestran un mal mantenimiento, con pasajeros que informan de condiciones sucias. Las comodidades básicas están ausentes o se retienen deliberadamente: no hay WiFi a pesar de las promesas en algunas rutas, el aire acondicionado no funciona, no hay tomas de corriente y los baños están fuera de servicio. No hay responsabilidad financiera; los pasajeros tienen dificultades para obtener reembolsos por los servicios cancelados y los depósitos se retienen indefinidamente. La compañía de transporte no coordina con los agentes de reserva, dejando tanto a los pasajeros como a los intermediarios sin información sobre los cambios.
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