Los pasajeros reportan fallos catastróficos en el servicio que abarcan aspectos operativos, de comunicación y financieros. La aerolínea cancela sistemáticamente rutas con poca o ninguna notificación previa, a menudo el mismo día mediante SMS, dejando a los pasajeros incapaces de ajustar sus planes. Múltiples reseñas describen autobuses que simplemente nunca llegaron, con pasajeros varados durante horas en los puntos de salida. La comunicación es uniformemente inaccesible: los números de teléfono en los billetes no responden, los operadores ignoran las llamadas y la dirección es inalcanzable. Este bloqueo comunicativo es especialmente dañino cuando se combina con las cancelaciones, ya que los pasajeros no reciben ninguna advertencia previa. Los procesos de reembolso están crónicamente rotos: los reembolsos nunca se envían o se retrasan más de 2 meses, obligando a los pasajeros a presentar cargos a través de sus bancos. La gravedad de estos fallos —dejar a familias con niños sin alojamiento durante la noche, arruinar vacaciones, causar angustia psicológica— va más allá de una simple degradación del servicio hasta llegar a la incompetencia operativa. Las alianzas de la aerolínea con plataformas de reserva como BUSFOR han terminado, lo que sugiere que los operadores de dichas plataformas determinaron que la colaboración era insostenible. No hay evidencia de que la aerolínea cumpla con el servicio prometido en ninguna dimensión medida.
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