El servicio de autobuses ofrece sistemáticamente una experiencia profundamente problemática para los pasajeros en todos los aspectos. Los vehículos parecen formar parte de una flota envejecida con un mantenimiento mínimo: el aire acondicionado no funciona, los asientos están rotos o no se reclinan, la limpieza interior es deficiente y las comodidades prometidas, como el WiFi y los baños funcionales, están completamente ausentes. La respuesta del personal es un punto crítico de fallo: las líneas de atención al cliente suelen estar inaccesibles, los operadores son evasivos cuando logras contactarlos y las devoluciones de llamada prometidas nunca se materializan.
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