Intertrans ofrece una experiencia de pasajero altamente inconsistente, dominada por fallos operativos y un mal servicio. Aunque los autobuses a veces se reportan como limpios y adecuadamente equipados con aire acondicionado y cargadores de teléfono, esto no puede compensar los problemas sistémicos. La puntualidad está gravemente comprometida, con retrasos que van desde 30 minutos hasta varias horas, e incluso ausencias totales sin notificación. El comportamiento del personal es extremadamente variable: una pequeña minoría de conductores son atentos y serviciales, pero la mayoría son groseros, indiferentes y rechazan solicitudes razonables de los pasajeros. La comodidad en la cabina es pobre, con pasajeros que reportan asientos estrechos, falta de Wi-Fi, falta de baños y falta de paradas para descansar en viajes largos. Los problemas críticos de relación calidad-precio incluyen la sobreventa sistemática, el etiquetado incorrecto de los números de ruta y destinos en los boletos, transferencias adicionales no divulgadas en rutas supuestamente directas y la ausencia total de compensación por fallos en el servicio. Lo más crítico es que la empresa no tiene canales de soporte al cliente accesibles: no hay sitio web, línea telefónica ni mecanismo de contacto directo, lo que deja a los pasajeros desamparados en emergencias.
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