Los pasajeros en la ruta Vilnius-Kyiv informaron de una experiencia abrumadoramente negativa en casi todas las dimensiones del servicio. El vehículo fue descrito como en un estado extremadamente deficiente, con asientos incómodos que no se comparaban favorablemente ni siquiera con los estándares del transporte público urbano. Los sistemas de calefacción no funcionaron durante el viaje, dejando a los pasajeros sin un confort térmico adecuado. Además de los problemas de mantenimiento del vehículo, el servicio sufrió fallos operativos graves: los pasajeros experimentaron un retraso de dos horas en una estación de servicio mientras esperaban un conductor de reemplazo. No se mencionaron aspectos positivos con respecto al profesionalismo del personal, la relación calidad-precio, la puntualidad, la limpieza o cualquier comodidad a bordo (WiFi, aire acondicionado o baños). La combinación de fallos mecánicos, el estado inadecuado del vehículo y los retrasos operativos resultó en un viaje que quedó muy por debajo de los estándares aceptables para los viajes internacionales en autobús.
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