Los pasajeros de este transportista experimentan un servicio sumamente poco fiable, caracterizado por fallos frecuentes en las rutas y prácticas operativas engañosas. La queja principal en las reseñas es la representación errónea de las rutas: los pasajeros compran boletos para destinos específicos, solo para descubrir después que el transportista no atiende esas paradas, o se encuentran transferidos inesperadamente durante el viaje a otros vehículos. Estas transferencias suelen ser a microbuses más pequeños e incómodos, a veces sin aviso previo. Los casos repetidos de inasistencia y cancelaciones de último momento, combinados con la ausencia de una política de reembolso, crean un riesgo financiero para los viajeros. El comportamiento del personal suele describirse como grosero y desdeñoso, con comunicación deshonesta por parte de los despachadores respecto a las paradas confirmadas. Sin embargo, algunas experiencias positivas aisladas muestran que el transportista es capaz de ofrecer un servicio fiable: cuando todo funciona según lo previsto, los autobuses están limpios, cálidos y cómodos, y los conductores son corteses. El programa de fidelidad — viaje gratuito cada 8 viajes — es un beneficio real para los clientes. El problema central parece ser la sobreventa crónica o la mala gestión de las rutas, lo que obliga a realizar transferencias de último momento a vehículos de otros operadores.
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