El operador presenta un historial de servicio altamente polarizado. Mientras una pequeña minoría de pasajeros (7%) reportan experiencias satisfactorias con conductores corteses, comodidades básicas y un servicio confiable, la gran mayoría (93%) describen una experiencia de transporte marcada por fallos operativos sistemáticos en todas las dimensiones clave. El estado de los vehículos es constantemente criticado como deficiente: los autobuses se describen como viejos, sucios, con asientos rotos y goteras en el techo. Las comodidades anunciadas en los billetes —WiFi, aire acondicionado, baños funcionales— suelen no funcionar o estar ausentes, lo que hace que los viajes largos sean incómodos e poco fiables. El problema más crítico es la fiabilidad de los horarios. Los pasajeros reportan retrasos graves que van desde varias horas hasta más de 8 horas, cambios de ruta no anunciados, transbordos inesperados y ubicaciones incorrectas de recogida/entrega. La comunicación con los despachadores es poco fiable: los números de teléfono pueden ser erróneos y el personal proporciona información contradictoria o falsa. Esto genera caos para los viajeros, especialmente para aquellos con conexiones ajustadas o que no conocen las ciudades de destino. La limpieza es problemática: los autobuses se describen como sucios y malolientes. La relación calidad-precio es mala, ya que los clientes pagan tarifas estándar por un servicio deficiente y promesas incumplidas. El período de 7 años de reseñas no muestra una tendencia de mejora, lo que sugiere problemas sistémicos en lugar de temporales.
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