Los pasajeros informan de una experiencia de viaje espantosa, marcada por una negligencia extrema y una infraestructura en deterioro. La flota está compuesta por vehículos antiguos y mal mantenidos —algunos, según se informa, tienen 70 años—, que están visiblemente sucios, desprenden olor a moho, producen un ruido insoportable y sufren averías mecánicas con frecuencia durante el trayecto. A pesar de la promoción activa de aire acondicionado, WiFi y tomas de carga, estas comodidades están constantemente ausentes o no funcionan. Las fallas en el control climático son especialmente graves durante el clima cálido: los pasajeros en viajes de 14 horas soportan un calor insoportable sin alivio, describiendo la experiencia como infernal. El equipaje emerge visiblemente sucio de las zonas de equipaje, y la limpieza de la cabina es rutinariamente deficiente.
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